- EL REINADO DE DAVID Y SALOMON.
-
- Ciertamente no se había conseguido hasta el momento
de la muerte de Saúl la unanimidad necesaria para poder
integrar a todas las tribus de la federación hebrea en
un reino unificado. Prueba de ello había sido el hecho
de las muy tensas relaciones entre Saúl y David, que llevaron
al guerrero de la tribu de Judá a llevar su propia política
independiente del reino de Saúl. Así se alistó
como mercenario al servicio de los filisteos, recibiendo de ellos
a modo de feudo el territorio fronterizo de Siquelag, para defender
el límite sur del país contra las incursiones de
los nómades del desierto. Desde esa posición, David
muy hábilmente aprovechó sus victorias sobre los
amalecitas para ganarse la simpatía de los clanes hebreos
establecidos en las cercanías de Hebrón.
-
- Así David fue recibiendo poco a poco la confianza
del conjunto de las tribus hebreas. Y, porque no había
participado con los filisteos en el ataque a Saúl en Guelboé,
logró que lo eligieran rey no sólo de las tribus
del sur, sino también de las del norte.
- No deja de ser llamativo que, al relatar la ascensión
de David al trono de Israel, las tradiciones conservadas en la
Biblia no oculten que el sucesor de Saúl no haya seguido
un camino directo hacia su oficio sagrado. Al contrario, muestran
que David se perdió desde el principio en una red de negocios
profanos y políticos que difícilmente dejaban ver
en él a un representante sagrado. Y hasta su misma elección
como rey es presentada en algunas ocasiones como una mera iniciativa
humana, sin el menor rastro de elección divina: Llegaron
los hombres de Judá y ungieron allí (en Hebrón)
a David como rey sobre la casa de Judá (2 Sam 2,4).
-
- Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel donde el rey,
a Hebrón. El rey David hizo un pacto con ellos en Hebrón,
en presencia de YHWH, y ungieron a David como rey de Israel (2
Sam 5,3).
-
- La relectura de la historia a la luz de la fe en YHWH interpretó
que el actuar de Dios siempre asumió como punto de partida
de su intervención una historia muy humana, donde no faltan
miserias e intenciones poco santas. Esta una constante en la
historia sagrada. Por eso los escritores de la Biblia no tuvieron
ningún problema en mostrar a los reyes de Israel en su
humanidad integral, frágil y en situaciones escandalosas.
David llega a ser, a la vez, el obediente servidor de Dios y
también el trasgresor afligido por su pecado. En este
sentido la tradición bíblica va a dejar bien claro
que la monarquía israelita nació a la luz de la
historia, de un modo distinto de como lo hacían las tradiciones
babilónicas: Cuando la monarquía bajó del
cielo, entonces por primera vez existió la monarquía
en Eridu... Así empieza la lista de los primeros reyes
de Babilonia (texto 265 del Ancient Near Eastern Texts -ANET-
de J. Pritchard).
-
- Ante el crecimiento del poder alcanzado por el antiguo mercenario,
era de esperarse una reacción filistea. David no sólo
impidió que los filisteos lograran extender sus dominios
dentro del flamante reino hebreo, sino que con sus empresas guerreras
consiguió ensanchar las propias fronteras mucho más
allá del territorio ocupado tradicionalmente por la antigua
coalición tribal.
La momentánea decadencia de las potencias del Nilo y de
Mesopotamia le permitieron convertir su reino en un pequeño
imperio con las mismas estructuras y con pequeños estados
vasallos. Así la autoridad de David se extendió
a los reinos de Moab y Ammón, a varios principados arameos
y al territorio de Edom.
-
- Al unir en su persona la realeza sobre la tribu de Judá
y sobre las tribus del antiguo reino de Saúl, David debió
prestar un especial cuidado para conservar el equilibrio en las
relaciones entre los clanes hasta entonces rivales. Por eso prefirió
como capital una ciudad que no perteneciera a ninguna de las
tribus hebreas, y conquistó Urusalim, una ciudad cananea
perteneciente a los jebuseos, situada entre los dos grupos de
tribus. De este modo la capital del nuevo reino tendría
un estatuto jurídico especial de pertenencia respecto
a Judá e Israel: Jerusalén sería la ciudad
de David.
-
- La sucesión de David fue objeto de luchas internas
que comenzaron a dividir el reino. En esas luchas Salomón,
el hijo que David había engendrado con Betsabé,
obtuvo la corona y se dedicó intensamente a organizar
los dominios conquistados antes por su padre: Dominaba en toda
la Transeufratina, desde Tafsaj hasta Gaza, sobre todos los reyes
de más acá del Río (Eufrates); tuvo paz
en torno a todas sus fronteras. Judá e Israel vivieron
en seguridad, cada uno bajo su parra y bajo su higuera, desde
Dan hasta Bersheva, todos los días de Salomón (1
Re 5,4-5). Aprovechando esa paz desarrolló un sistema
de administración en el cual el país quedaba dividido
en doce distritos encargados de proporcionar cada mes hombres
para el ejército y, de entre los extranjeros del país,
la mano de obra para emprender grandes trabajos: Hizo el rey
Salomón una leva en todo Israel; la leva fue de treinta
mil hombres... Tenía además Salomón setenta
mil porteadores y ochenta mil canteros en el monte aparte de
los capataces de los prefectos puestos por Salomón al
frente de los trabajos, tres mil trescientos que mandaban a la
gente empleada en los trabajos (1 Re 5:27.29-30).
-
- En Meguido y en otros lugares estratégicos se construyeron
grandes cuarteles para albergar a un ejército modernizado
de acuerdo al modelo de los imperios vecinos: Tenía Salomón
cuatro mil establos de caballos para sus carros y doce mil caballos
(1 Re 5:6).
-
- Los contactos con el rey fenicio Hiram de Tiro, le proporcionaron
madera de cedro del Líbano para la construcción
de edificios y de una flota con base en el puerto de Eilat, en
el extremo sur del reino, junto al Mar Rojo. Así también
pudo encarar importantes empresas comerciales: Hiram envió
a las naves a sus servidores, marineros, conocedores del mar,
con los servidores de Salomón. Llegaron a Ofir, y trajeron
de allí cuatrocientos veinte talentos de oro que llevaron
al rey Salomón (1 Re 9:27-28).
-
- Salomón se comportó como uno de los tantos
reyes de la época. Construyó en Jerusalén
un magnífico palacio y organizó su corte al estilo
del faraón. En él disponía de un harén
formado por muchas concubinas y varias mujeres venidas de otras
naciones: además de la hija del Faraón, moabitas,
ammonitas, edomitas, sidonias, hititas (1 Re 11:1). Todas ellas
traían a sus dioses patrios, con la consiguiente pérdida
de la pureza de la fe yahvista en el ámbito de la corte.
-
- En la corte también ocuparon un lugar importante los
escribas. Formados en el arte de escribir, eran también
sabios, hombres dotados de discreción y que habían
aprendido el arte de dirigir su propia vida. Si la sabiduría
era necesaria para guiar la propia vida, ¿cuánto
más necesaria era para dirigir un estado? Rodeado de sus
consejeros, el rey forjaba sus proyectos y emprendía obras
para el gobierno del país. Los consejos de los sabios,
considerados casi como oráculos divinos, podían
mantener o destruir los fundamentos de la realeza, que eran el
derecho y la justicia. Podían abusar de su poder o entregarse
a la demagogia para complacer al soberano. El consejero debía
tomarse en serio su función, como observaba por el 2300
a.C. la sabiduría del visir egipcio Ptahotep: Si eres
un personaje que se sienta en el consejo de su señor,
pon tu espíritu en guardia todo cuanto puedas. Cállate:
esto es más útil que la queja; no debes hablar
más que cuando sepas que comprendes la cosa. El que habla
en el consejo tiene que ser un artista; la palabra es más
difícil que cualquier otro trabajo y solamente sirve a
aquel que la conoce a fondo (362-369).
-
- Las reflexiones de los sabios de la corte salomónica
aprovechó ampliamente el fruto de las tradiciones sapienciales
desarrolladas en Jerusalén durante el periodo cananeo,
que se habían cultivado según el modelo de las
cortes egipcias. Así, en Pr. 23:9 (No hables a los oídos
del necio: despreciaría el valor de tus ideas) se puede
advertir una evidente influencia
de los sabios egipcios: No vacíes tu corazón ante
cualquiera: rebajarás tu crédito (Amenemopé
XXII, 11-12).
-
- A este ambiente cortesano de Salomón debemos las primeras
colecciones de proverbios: Pr.10,1:22,16, titulada Proverbios
de Salomón, y Pr. 25-29 que comienza con la frase También
estos son proverbios de Salomón, transcritos por los hombres
de Ezequías. Se trata de colecciones de aforismos con
la finalidad de inculcar principios éticos: Un hijo prudente
alegra a su padre, un hijo insensato entristece a su madre (10:1).
Los cabellos grises son corona magnífica; se les encuentra
en los caminos de la justicia (16:31). Más vale vivir
en un rincón bajo techo que compartir la casa con mujer
pendenciera (25:24).
-
- Pero más que a un lugarteniente de Dios, Salomón
podía compararse a cualquier rey poderoso de Oriente:
Hizo el rey un gran trono de marfil y lo revistió de oro
finísimo. El trono tenía seis gradas y un respaldo
redondo en su parte posterior con brazos a uno y otro lado del
asiento, y dos leones de pie junto a los brazos (1 Re 10:18-19).
Por eso los primeros años de la monarquía israelita
pudieron dar la impresión de que la antigua federación
hebrea, congregada a partir de un vínculo religioso en
torno a la fe en el Dios de Moisés, se había sustraído
a la soberanía de YHWH.
-
- Aquel Israel, cuya protección se había reservado
en otros tiempos YHWH haciendo surgir caudillos carismáticos
(los jueces) con los cuales iba también a la guerra, se
había convertido ya en un estado que decidía sobre
su propio territorio y su potencial militar interno. El mismo
David no había sido más que un antiguo cabecilla
de soldados asalariados, un hombre desprovisto de cualquier dignidad
sagrada que le autorizase a tomar posesión de la corona.
Por eso, al fundar su reino, David había procedido inmediatamente
a instalar el arca de la Alianza en la nueva capital. Con esto
se vinculó el trono de Jerusalén con las tradiciones
más arraigadas de Israel: David se había convertido
en el rey de aquel Israel que seguía siendo el pueblo
de Dios congregado en torno al Arca de la Alianza de YHWH.
-
- Un paso más dio Salomón al construir un templo
para el Arca de Dios y un altar en Jerusalén. Construido
sobre un terreno de propiedad real, fue el rey quien ordenó
su construcción y él quien debía subvencionar
el culto. Los mismos sacerdotes se convirtieron en funcionarios
reales. De este modo el antiguo culto yahvista de la federación
tribal, celebrado en cada santuario patriarcal y unificado en
las peregrinaciones anuales en torno al Arca en Silo, se centralizó
en el santuario real de Jerusalén. Porque todas las tribus
de la antigua federación se sabían ligadas al Arca
de la Alianza de Dios.
-
- Pero lo cierto era que cada vez había menos semejanza
entre el nuevo Israel que afluía al templo donde se ofrecía
el culto oficial y aquella antigua convocación de los
miembros de la federación tribal, dispuestos a dejarse
conducir por YHWH a la guerra santa y prontos a escuchar sus
mandamientos en las peregrinaciones. ¿Qué clase
de federación era esta, cuyos miembros perdían
cada día mayor libertad de acción al deshacerse
su constitución tribal bajo el peso del poder de un estado
cada vez más emancipado de YHWH en el campo político?
Semejantes innovaciones en la vida sagrada de un pueblo antiguo
exigían una legitimación.
-
- La formación de aquella corte con escritores capacitados
permitió a Salomón la elaboración de nuevas
tradiciones que pudiesen presentar como fruto de la decisión
de Dios esas instituciones tan nuevas como la realeza davídica
o la presencia del arca en Jerusalén.
-
- El trono de David recibió entonces una directa legitimación
sagrada mediante la profecía de Natán. Según
ella, Dios aseguraría para siempre el reinado de la dinastía
davídica sobre Israel y le ofrecería relaciones
filiales. Porque YHWH quiere ser padre del Ungido, éste
se convertirá en su hijo: Y cuando tus días se
hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré
después de ti la descendencia que saldrá de tus
entrañas, y consolidaré el trono de tu realeza.
El construirá una casa para mi Nombre y yo consolidaré
el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él
padre y él será para mí hijo. Si hace mal,
le castigaré con vara de hombres y con golpes de hombres,
pero no apartaré de él mi amor, como lo aparté
de Saúl a quien quité delante de mí. Tu
casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí;
tu trono estará firme eternamente (2 Sa. 7:12-16). Es
la respuesta de Dios ante el proyecto de David de construir una
casa para el Señor. Ya que el Creador de todas las cosas
es inabarcable, es el hombre quien debe acogerse al abrigo divino
sin buscar construir por sí solo su propio destino. Por
eso va a ser YHWH quien edifique una casa para David.
-
- A partir de entonces, se pondrá en evidencia el lugar
que ocupa el rey Mesías en la fe de Israel. En virtud
de esa promesa, cada rey que descendiera de la dinastía
de David sería considerado legítimamente el Mesías
por el cual Dios cumpliría los designios relativos a su
pueblo. Puesto que YHWH había realizado una Alianza Eterna
(berit olam) con David, se tenía la seguridad de que Dios
nunca dejaría de perpetuar su dinastía. Existía
pues, entre YHWH y la casa de David, un contrato de favor que
establecía una base jurídica para las futuras relaciones
entre los contrayentes.
-
- La elección de Dios sobre el rey era una idea común
a todo el Oriente antiguo. En la subida al trono de los faraones
esta predilección era expresada a través de un
documento escrito por la divinidad en persona, como consta en
las palabras de Amón-Re de Karnak a Hatschepsut: Mi hija
querida... yo soy tu padre amado. Yo establezco tu dignidad como
señor de ambos países. Yo te escribo tu protocolo.
En estas ceremonias debió inspirarse el posterior ritual
de la subida al trono de los reyes de Israel, tal como se describe
en la coronación de Joás por el sacerdote Yehoyadá:
Hizo salir entonces al hijo del rey, le puso la diadema y el
Testimonio y lo ungió. Batieron palmas y gritaron "¡Viva
el rey!" (2 Re.11:12). Y tal vez el contenido del testimonio
sea el decreto referido por el rey en el Sal 2,7-8: Voy a anunciar
el decreto de YHWH: El me ha dicho: "Tú eres mi hijo;
yo te he engendrado hoy. Pídeme, y te daré en herencia
las naciones, en propiedad los confines de la tierra".
-
- En virtud de la Alianza pactada la divinidad asumía
la defensa del rey ante sus enemigos. Por eso el faraón
Ramsés II dirigió su oración al dios Amón
cuando luchaba contra los hititas en Cadesh: ¡Yo te llamo,
padre mío Amón! Estoy en medio de pueblos numerosos
que no conozco. Todas las naciones se han unido contra mí.
Estoy solo, ningún otro conmigo (de una inscripción
del templo de Karnak). Y del mismo modo el rey de Israel suplicaría
confiadamente cuando también él se encontrara en
peligro: ¿Por qué se agitan las naciones, y los
pueblos mascullan planes viles? Se yerguen los reyes de la tierra,
los caudillos conspiran aliados contra YHWH y contra su Ungido
(Sal 2:1-2).
-
- Pero, a pesar de los llamativos paralelismos del ritual real
israelita con respecto al ritual egipcio, existe una profunda
diferencia. En Egipto se entendía la cualidad de hijo
de dios del faraón en un sentido físico e inmediato.
Un himno dedicado al dios-sol Atón, conservado en una
pared de la tumba de Ay en El-Amarna, expresa esta convicción
del soberano Akhénaton: Cuando te levantas, haces crecer
todas las cosas para el rey. La prisa se apodera de toda pierna
apenas has organizado la tierra y la has hecho surgir de tu hijo,
salido de tu cuerpo, el rey del Sur y del Norte que vive de verdad,
Akhénaton... y la gran esposa real a la que ama, Nefertiti.
Por el contrario, esto era impensable en la fe de YHWH, según
la cual el rey es hijo sólo por adopción. Al recibir
la corona, el rey davídico recibía de YHWH el encargo
de gobernar con justicia y sabiduría y de pastorear al
pueblo de Dios.
-
- Fue también necesario un extenso complejo narrativo
que explicara qué relación existía entre
el antiguo santuario de Silo, en el cual el Arca de la Alianza
congregaba a toda la federación hebrea, y el santuario
real de Jerusalén. Según 1 Sa. 4-6 el mismo YHWH
había permitido que el Arca fuera capturada por los filisteos
y entregada a los hebreos nuevamente. Por lo tanto, la salida
del Arca del santuario de Silo no se debía a una arbitrariedad
de David, sino a una intervención divina. La descripción
del traslado del arca desde Quiryat Yearim a la ciudad de David
(2 Sam 6) conserva el mismo esquema que la narración del
ingreso del Arca al Templo construido por Salomón (1 Re
8): procesión-sacrificio-bendición. Este orden
será el mencionado en el salmo 132, entonado en la celebración
de cada aniversario del traslado del Arca, en la fiesta del séptimo
mes (la fiesta de la Recolección). Después de recordar
los desvelos de David por trasladar el Arca, el salmo evoca la
procesión: Mirad: hemos oído de ella que estaba
en Efratá, ¡la hemos encontrado en los campos de
Yaar! ¡Vayamos a la Morada de él, ante el estrado
de sus pies postrémonos! ¡Levántate, YHWH
hacia tu reposo, tú y el arca de tu fuerza! Tus sacerdotes
se vistan de justicia, griten de alegría tus amigos (6-9).
-
- El salmo canta la elección divina de Sión,
pero también canta la ratificación de la alianza
de YHWH con David. El Dios que había elegido a Israel
como pueblo suyo y lo había acompañado en su peregrinación
hasta la tierra prometida a los padres, ahora se detenía
en medio de este pueblo y elegía también un Lugar
para habitar y un hijo que lo representara: Juró YHWH
a David, una verdad que no retractará: "El fruto
de tu seno asentaré en tu trono. Si tus hijos guardan
mi alianza, el dictamen que yo les enseño, también
sus hijos para siempre se sentarán sobre tu trono"
Porque YHWH ha escogido a Sión, la ha querido como sede
para sí: "Aquí está mi reposo para
siempre, en él me sentaré, pues lo ha querido...
-
- Allí suscitaré a David un fuerte vástago,
aprestaré una lámpara a mi Mesías; de vergüenza
cubriré a mis enemigos, y sobre él brillará
su diadema" (Sal 132:11-18). El trono de YHWH y el de David
ya no podían separarse.
-
- Atras